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DEVOCIONAL MARZO 17


El legalismo es una señal de inmadurez espiritual.
Reciban al que es débil en la fe, pero no para entrar en discusiones. Romanos 14:1(NVI)
El legalismo es una esclavitud de la que tenemos que ser liberados. Pocos han sido liberados del legalismo como Pablo lo fue. Él fue por antecedentes y capacitación un Fariseo. Él guardó cuidadosamente las reglas acerca de los alimentos que comía, la ropa que usaba y con quien se acompañaba; y era muy bueno en ello. Él le dijo a los Filipenses: “en cuanto a la justicia que la ley exige, (yo era) intachable”. (Filipenses 3:6).

Eso demostraba una impresionante disciplina y dedicación.

Con este antecedente, no es de extrañar que Pablo se refiriera al legalismo tan a menudo. Cristo lo había librado de la ley y de ninguna manera quería este yugo de esclavitud en los hombros de los nuevos creyentes. Es fácil comenzar a seguir las reglas, los reglamentos y programas en lugar de vivir de nuestra unión con Cristo y de la comunión con Dios. Es posible que hayamos comenzado nuestra vida cristiana con algunas normas que fueron útiles, como las llantitas de entrenamiento en la bicicleta de un niño, pero no llegamos a ser dirigidos por las demandas externas de la ley, sino por el trabajo de perfeccionamiento activo interno del Espíritu Santo.

El Señor nos asegura: " Infundiré mi Espíritu en ustedes, y haré que sigan mis preceptos y obedezcan mis leyes” (Ezequiel 36:27). La ley es una expresión del carácter de Dios y se cumple por Su obra en nosotros, y no por exigencias impuestas a nosotros. 
¿Qué es lo que motiva la manera como vives? ¿Es la vida de Cristo o es la ley en ti lo que te crea un deseo por lo que es bueno?



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