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DEVOCIONAL MARZO 14


Llegar a ser cristiano es saber que no podemos vivir la vida tal y como se pretende. Necesitamos la presencia de Dios.
Arrepiéntase y bautícese cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados —les contestó Pedro—, y recibirán el don del Espíritu Santo. Hechos 2:38 (NVI)
En un vuelo procedente de Europa me senté al lado de un caballero musulmán. Después de un rato empezamos a hablar sobre el Islam y el Cristianismo y cómo se comparan. Le preocupaba que el Cristianismo ha sido dividido en tantas denominaciones porque no pudimos ponernos de acuerdo en lo que creemos. Entonces concluyó, "al final en lo que creas es irrelevante, lo importante es cómo te comportas, ¿no es cierto?".

Le dije que estaba seguro que había algo de verdad en esto, pero, ¿qué fue de todos modos lo que nos equipó para comportarnos de esa manera? Nuestra habilidad para comportarnos de una manera cristiana no es posible sin experimentar la nueva vida que es precisamente la que nos da el poder para hacerlo. “¿Qué es esta nueva vida?", preguntó. Le dije que era el Espíritu Santo de Dios. Hemos sido creados para que Su presencia en nuestra vida sea indispensable para vivir como se supone que debemos vivir.

Me dijo que el Islam tenía el poder de la certeza de la fe, y que cuando verdaderamente crees en Dios te motivas a vivir de la manera correcta. En otras palabras, eres llevado por el poder de creer en algo fuera de ti mismo. El Cristianismo va más allá: partiendo de la base de que nosotros creemos lo que es cierto de Dios y acerca de Cristo y nuestra relación con Él, por eso nos convertimos en la habitación en que mora la vida misma de Dios, que se vuelve la única explicación para nuestras vidas.
¡Gracias Señor, por mi nueva vida en Cristo Jesús, porque me ha permitido vivir como Tú quieres que viva!



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