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Devocional 30 de enero 2019


 “Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público” (Mateo 6:6).
Necesitamos comprender la profundidad y el poder de lo que Jesús está diciendo aquí cuando habla de que el Padre ve en lo secreto. Podemos hacer oraciones religiosas con la esperanza de ser vistos como maravillosos santos, pero Dios no sólo no oye esas oraciones, sino que ni siquiera se da cuenta de que estamos orando.
Como Dios ve “en lo secreto”, él sólo nos ve u oye cuando nuestros corazones están en comunión con él en el lugar secreto de su corazón. Él sólo mirará, dirigirá sus ojos y dará su favor a lo que fluye en el corazón del lugar secreto. Esa oración debe provenir de la comunión con él, no del deseo de demostrar nuestra elocuencia y pasión o de hacer un espectáculo con nuestra fe. Es la entrada al reino del Espíritu y no sólo una habitación física de la que Jesús está hablando aquí. Es su lugar, y cuando llegas allí, él te ve. Él no ve tus esfuerzos carnales, de hecho, los ignora.
Cuando Jesús te ve buscándole a él, te ganas su corazón. El Cantar de los Cantares dice que con solo una mirada hemos ganado su corazón (4:9, AMP). Algunas personas han trabajado arduamente en la carne y todavía tienen que sentir el favor de Dios, pero aquellos que lo encuentran en su lugar secreto y se dirigen hacia las obras de amor están constantemente bajo sus ojos y su cuidado.
Si estás luchando por ser reconocido y honrado, buscando prestigio y poder, esperando que la gente te dé una palmadita en el hombro, te vas a decepcionar cuando un día estés de pie frente al Padre. Tristemente, él dirá: “Sé que estabas ocupado haciendo muchas cosas que pensabas que eran maravillosas, pero yo veía a esos santos que estaban buscando mi rostro”.

Por Gary Wilkerson



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