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Devocional 29 de enero 2019


David oró: “Guárdame, oh Dios, porque en ti he confiado” (Salmos 16:1). La palabra hebrea que David usa para “guardar” en este versículo está repleta de significado. Dice, en esencia: “Pon un cerco alrededor de mí, un muro de espinas protectoras. Guárdame y protégeme. Observa todos mis movimientos, todos mis idas y venidas”.
David creía plenamente que Dios preserva a los justos. Este bendito hombre declaró: “He aquí, no se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel. Jehová es tu guardador; Jehová es tu sombra a tu mano derecha. El sol no te fatigará de día, ni la luna de noche. Jehová te guardará de todo mal; El guardará tu alma” (Salmos 121:4-7). Las mismas palabras hebreas usadas en el Salmo 16:1 aparecen en este pasaje. Una vez más, David está hablando del cerco divino de Dios, el muro de protección sobrenatural. Él nos asegura: “Dios te vigila a donde sea que vayas”.
Si tienes problemas en aceptar el deseo de Dios de preservarte, lee donde David dijo: “Por Jehová son ordenados los pasos del hombre...Jehová sostiene su mano” (Salmos 37:23-24).
Incluso Job en su agonía testificó del poder preservador de Dios. Este hombre perdió a su familia, sus posesiones, su salud, su buen nombre, pero se refirió a Dios como “Guarda [preservador] de los hombres” (Job 7:20).
Una y otra vez, nuestro Dios ha demostrado ser un preservador para su pueblo. ¿Por qué el Señor está tan decidido a preservarnos? Encontramos una pista en las palabras de Moisés: “Y nos mandó Jehová que cumplamos todos estos estatutos, y que temamos a Jehová nuestro Dios, para que nos vaya bien todos los días, y para que nos conserve la vida, como hasta hoy” (Deuteronomio 6:24). Moisés dice que Dios les dio los mandamientos para preservarlos y mantenerlos por la misma razón por la cual Dios quiere salvarnos y protegernos: ¡Para que su plan para nuestras vidas se llegue a cumplir!

Por David Wilkerson (1931-2011)


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