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Devocional 27 de enero 2019



Probablemente estés familiarizado con la historia de Job en el Antiguo Testamento. Si es así, recuerda que Satanás no pudo tocar a este siervo piadoso de Dios sin antes obtener el permiso del cielo. El Señor le dijo al diablo que podía afligir el cuerpo de Job, que podía llevarlo a través de duras pruebas, pero que no podía matarlo.
¿Pero te diste cuenta de que Satanás también pidió permiso para probar la lealtad de Pedro? Satanás sabía que el reino de Jesús estaba por llegar, así que una vez que había poseído a Judas, determinó buscar a otro discípulo. Creo que hizo sentir su presencia en la mesa de la Pascua, ya que “Hubo también entre ellos una disputa sobre quién de ellos sería el mayor” (Lucas 22:24). Los discípulos acababan de tener un momento íntimo de comunión con su Señor, quien les dijo que estaba a punto de morir, pero aparentemente no entendieron nada de lo que había dicho. En lugar de eso, comenzaron a discutir sobre quién se quedaría a cargo cuando él se fuera.
Satanás se emocionó al evaluar a los discípulos uno por uno, preguntándose: “¿Quién debería ser el siguiente después de Judas? ¿Natanael? ¿Juan? ¡Ah, ahí está Pedro sentado! Jesús le dijo que era una roca; de hecho, Cristo dijo que edificaría su iglesia sobre la proclamación de Pedro de que él era el Mesías. Sí, Pedro es el indicado”.
Satanás presionó para hacer de Pedro un objetivo. “Jesús, tú dijiste que tú edificarías tu iglesia sobre el testimonio de este hombre. Bueno, si estás tan seguro de que Pedro es una roca, déjame zarandearlo por un tiempo. Te voy diciendo, Pedro se derrumbará, tal como lo hizo Judas”.
El zarandeo es obviamente un proceso purificador, que separa lo malo de lo bueno y fructífero. Creo que Satanás pensó que la fe de Pedro fracasaría en la sacudida. Pero Jesús le prometió a Pedro: “Yo he rogado por ti, que tu fe no falte” (Lucas 22:32). Jesús le estaba asegurando: “Aunque sufrirás serios fracasos, te digo que, en última instancia, tu fe no fallará”.
Amados, no tengas miedo de la prueba por la que estás pasando. Jesús conoce el resultado y te está diciendo: “Resiste. Yo tengo un propósito eterno detrás de tu zarandeo. Todo se debe al peso de mi gloria”.

Por David Wilkerson (1931-2011)


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