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Devocional 24 de enero 2019



¿Has sido desafiado a salir hacia una nueva dirección que exige una fe sobrenatural? ¿Necesitas que Dios haga un milagro en tu vida para que puedas realizar tu sueño?
A los ojos de Dios, la fe verdadera no tiene nada que ver con el tamaño de la obra que quieras lograr. Por el contrario, tiene que ver con el enfoque y la dirección de tu vida. Verás, Dios no está tan preocupado con tu gran visión, como lo está con la persona en quién te estás convirtiendo. De hecho, ninguna obra, independientemente de cuán grande sea, tiene algún valor para el Señor a menos que se estén tratando los asuntos de fe más pequeños y ocultos.
“Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo que es vuestro?” (Lucas 16:12). Jesús les está diciendo a sus discípulos: “Ustedes dicen que quieren tener una revelación, algo que les capacite para hacer cosas más grandes. Sin embargo, ¿cómo se les puede confiar ese tipo de fe si no son confiables con las cosas que otros les han dado?”
Las palabras de Jesús deben haber dejado a sus discípulos rascándose la cabeza. El Maestro sabía que ellos no poseían nada y habían abandonado todo para ser sus discípulos. Entonces, ¿qué quiere decir Jesús cuando dice “en lo ajeno” (16:12)? Él está hablando de nuestros cuerpos y almas, que él compró con su propia sangre. “Habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1 Corintios 6:20).
Jesús nos está diciendo: “Tu cuerpo ya no te pertenece, y si no cuidas de ese cuerpo, si no me permites mirar dentro de ti, lidiar con tu pecado y santificarte, ¿cómo puedes esperar que te confíe algo más grande? Quiero que retrocedas y mires lo que has hecho con las cosas que ya te he dado”.
Doy gracias al Señor por las visiones enviadas del cielo y las cargas dadas por Dios. Sin embargo, muchos creyentes agobiados no se dan cuenta de que antes de que se pueda cumplir un sueño, Dios a menudo se toma años en desnudar y quebrantar. Jesús quiere que nosotros sólo traigamos nuestra fe, él traerá una visión verdadera.

Por  David Wilkerson (1931-2011)


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