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TIEMPO DEVOCIONAL MARZO 14

Y Moisés respondió al pueblo: No temáis; porque para probaros vino Dios, y para que su temor esté delante de vosotros, para que no pequéis. Éxodo 20:20

Dios dio la ley moral a Moisés, no sólo para exponer las necesidades de los hijos de Israel, sino para diagnosticar su condición y poder darles un remedio. Cuando Él lo hizo, fue en el monte Sinaí y dentro de un ambiente de gran temor y drama para Su pueblo. Ellos fueron instruidos a mantenerse separados, lejos del pie de la montaña y al mirar hacia arriba, había truenos y relámpagos, seguidos de una nube densa que bajaba hacia ellos. La montaña estaba cubierta en humo y se elevaba como una caldera.


La Biblia nos dice que Dios entonces descendió a la cima de la montaña en medio de fuego ardiente y acompañado de un sonido de trompeta muy fuerte que se hizo más y más fuerte. Toda la montaña temblaba violentamente, y de pie a cierta distancia, los israelitas fueron sacudidos por el miedo. Entonces Dios habló desde el fuego. No fue una presentación que emocionara y entusiasmara a la gente, sino más bien una que evocó miedo y peligro. ¿Por qué Dios eligió revelarse a Sí mismo de esta manera?

No es hasta que estamos asombrados y abrumados por Dios, que el temor de Dios se crea en nosotros. Dios significa para nosotros verlo en Su soberanía, Su Poder y Su Santidad. No podemos ser pasivos, indiferentes o irrespetuosos cuando Dios habla. A menos que le temamos a Dios, en realidad nunca llegaremos a conocerlo, y es el deseo de Dios que lleguemos a conocerlo en Su justicia. Considera que es lo que Él está pensando cuando secretamente nos fugamos con algo que no es nuestro, o cuando nos involucramos en intimidad sexual fuera del matrimonio, o cuando calumniamos a un amigo para que nosotros quedemos bien. Contristamos a Dios. Es pecado abiertamente ante Sus ojos y el pecado demanda justicia.

Por encima de todo, Dios es un Dios de justicia y por esta razón, Él envió a Su Hijo, en primer lugar, para ser la propiciación para nuestros pecados, de manera que Su justicia sea satisfecha, y en segundo lugar, por Su amor por nosotros, como rescate por nuestros pecados. La paga del pecado es la muerte. La Escritura es inequívoca al respecto y si no tememos a Dios, viviremos una vida inestable, insegura, que al final, estará frente a Él en el día del juicio. Por una muy buena razón, el rey Salomón escribe: “El temor del SEÑOR es el principio del conocimiento” (Proverbios 1:7).

ORACIÓN: Querido Señor, Tú has creado el universo entero y toda la vida que hay dentro de él, incluyéndome a mí. No temer a mi Creador me haría arrogante y necio, pues Tú tienes todas las vidas en Tus manos. Estoy tan agradecido Señor, que hayas enseñado a mis ojos a ver y a mis oídos a oír lo ¡absolutamente soberano que Tú eres!

PARA REFLEXIONAR: ¿Estoy confundido por el hecho de que mientras amo a Dios, tengo que temerle al mismo tiempo? ¿Cómo hago para conciliar ambos y aplicarlos en mi vida?


© Vive La Verdad



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