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TIEMPO DEVOCIONAL FEBRERO 25

“Y no seas incrédulo, sino hombre de fe.” — Juan 20:27

Convertirse en cristiano no es algo que hagamos a la ligera. Existen preguntas, dudas, aprehensión e incluso podemos estar enfrentando las difíciles consecuencias de nuestro pecado. Disensión en el matrimonio, discordia dentro de la familia, aislamiento de los amigos y prejuicios en el trabajo son preocupaciones legítimas. Podemos buscar consejo de la familia, amigos, pastor o consejero; todo lo cual es legítimo y puede ser muy útil, pero el único lugar donde podemos ir y encontrar el verdadero consejo es cuando vamos directamente a Dios. Dios probablemente nos conducirá a una introspección honesta, la cual Él mismo puede iniciar para permitirnos llegar a la raíz de nuestra duda.

En el caso de Tomás, hay cuatro puntos básicos a considerar que pueden ser igualmente ciertos para nosotros. El primero es el aislamiento. El hecho que Tomás no estuviera con los otros discípulos cuando Jesús se les apareció por primera vez, es algo muy significativo. Estar alejado de otros cristianos nos dejará vulnerables a la duda. Vivimos en un mundo abrumadoramente secular que siempre absorberá lo espiritual. Necesitamos conectarnos con una comunidad de creyentes y permanecer conectados porque el aislamiento inevitablemente quitará el fuego de nuestro corazón.

En segundo lugar, tenemos el factor de la incredulidad. Los muertos están muertos y no se levantan. Hay Leyes naturales que todos conocemos y un muerto resucitado a la vida va contra toda ley natural. Desde cualquier perspectiva humana, la resurrección es absurda. Cualquier cosa tangible y fuera de lo normal, la tratamos con mucha precaución. La resurrección de los muertos está por fuera de las leyes de la naturaleza, lo cual en realidad da evidencia de que Dios está involucrado, porque todo acerca de Dios es sobrenatural.

En tercer lugar, nuestros temperamentos pueden condicionar nuestra perspectiva. Hay quienes siempre verán las cosas por el lado negativo y descartarán de plano aquellas cosas que son difíciles de creer, simplemente porque ese es su temperamento. Tienen que verlo para creerlo. En las tres ocasiones en que Tomás habla, su naturaleza se inclina hacia la negatividad y el pesimismo (Juan 11:16, 14:5 y 20:25).

En cuarto lugar, la terquedad puede prevalecer. Tomás no dice: “No puedo creerlo”, sino que dice “no lo creeré”. Podemos llegar a tener una docena de razones por las cuales no debemos creer algo, y la verdadera razón es porque simplemente no queremos creerlo. La terquedad puede mezclarse con la inseguridad y si no hemos sido testigos de lo sucedido, entonces no lo creeremos. Nuestras razones para la incredulidad no son intelectuales, aunque ponemos esa cortina de humo, pero son razones voluntarias porque en realidad son psicológicas, y al final, puede ser una raíz de orgullo la que nos impide creer. 

Ninguno de estos son problemas para Dios. Tampoco es Satanás el que está haciendo todo lo posible para atraernos hacia él mediante las dudas. La apertura y la honestidad con Dios garantizarán la dirección que necesitamos.

ORACIÓN: Amado Señor, ayúdame a enfrentar y superar cualquier problema que esté causando dudas en mí. Deseo dar ese salto de fe y confiar en Tu dirección para mí. Gracias Señor.

PARA REFLEXIONAR: ¿Cómo debemos afrontar la duda? ¿Por qué surge la duda? ¿Cuáles son las cuatro posibles causas de la incredulidad de las personas?


Vía © Vive La Verdad

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