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TIEMPO DEVOCIONAL FEBRERO 16

“El viento sopla por donde quiere, y lo oyes silbar, aunque ignoras de dónde viene y a dónde va. Lo mismo pasa con todo el que nace del Espíritu.” — Juan 3:8

Parece que cuanto más nos acercamos al final de nuestros años, más preguntas tenemos acerca de nuestra mortalidad y de lo que realmente sucederá al final de todo. Podemos pensar que hemos hecho bien y que todo es como debería ser. Hemos construido una buena familia, nuestras carreras han sido buenas, nuestras finanzas son buenas y nuestra salud es buena. Sin embargo, todavía hay inquietud, búsqueda o anhelo, lo cual crea un vacío dentro de nosotros y no sabemos por qué. Sentimos que algo falta.

Cuando Nicodemo intuyó que algo faltaba en su vida, Jesús le dijo: “El viento sopla por donde quiere, y lo oyes silbar, aunque ignoras de dónde viene y a dónde va. Lo mismo pasa con todo el que nace del Espíritu.” Llega un momento en la vida de cada cristiano cuando el Espíritu Santo comienza Su obra en nosotros. No sabemos cuándo empezó, ni de dónde viene, ni a dónde va, pero nos damos cuenta de que algo está ocurriendo. Somos conscientes de que hay una necesidad y somos conscientes de la manera como el Espíritu Santo nos atrae, pero también somos conscientes de Su solución a esa necesidad.

Cuando nos sentimos inseguros y ansiosos en ese momento de nuestra vida donde nunca hemos estado, el Espíritu Santo de Dios nos está atrayendo hacia Cristo. Todas nuestras preguntas y búsqueda cuando ni siquiera sabemos lo que estamos buscando son porque el Espíritu Santo nos está atrayendo. Ese vacío incesante que sentimos por una razón inexplicable es porque el Espíritu Santo nos está atrayendo. Incluso Él puede llevarnos a mirar hacia atrás sobre todos los años y darnos cuenta de cómo hemos estado ajenos a la obra de Dios y de Jesucristo en nuestra vida.

Sin embargo, por muy sintonizada que pensemos que está nuestra vida, siempre estará incompleta sin Dios. Cuando el Espíritu Santo comienza a obrar en nosotros, venimos a la humilde toma de consciencia de que la dolorosa necesidad que tenemos no puede ser suplida por nada de lo que hagamos por nosotros mismos. Al igual que el viento, es algo que sentimos, pero no se puede agarrar. Somos creados por Dios, para Dios y Él usará cualquier medio que necesite para atraer nuestro corazón hacia Él.

Como cristianos en una relación con Jesucristo, ya no hay más búsqueda, preguntas, anhelos, vacío o incertidumbre. Sabemos que al final de todo estaremos con la confianza de una vida eterna con Jesús. Como dijo Agustín, “Tú nos has hecho para ti y nuestro corazón estará inquieto hasta que encuentre su descanso en ti.” Dios envía a su Espíritu Santo para que nos conecte con la vida eterna, que es la vida de Jesucristo. Sólo en Él estamos completos y, al igual que Nicodemo, pronto descubriremos que el ingrediente faltante es Jesús mismo.

ORACIÓN: Amado Señor Jesús, Te pido que me des un corazón amoroso y que siempre Te busque y que reconozca la fortaleza del Espíritu Santo y que siempre sea atraído a una relación contigo. Gracias Señor.

PARA REFLEXIONAR: ¿Estoy permitiendo que el Espíritu Santo me acerque cada vez más a Ti?

© Vive La Verdad

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